
Cuando nacimos, todos pertenecíamos a la 3º generación. Éramos hijos, nietos, sobrinos, primos y/o hermanos. Pertenecíamos a ese sector de la sociedad que “juega de bulto”. Libres de guerras, conflictos o plagas, crecimos sin mayores complejos que el usar gafas o ser el más gordo de la clase. Vivimos un momento especial entre el cambio de una España divertida y asfixiada al mismo tiempo, a un país europeizado (en el mal sentido de la palabra) y preocupado por los rastros de un pasado despreciado por una mayoría superficial. Todos los cambios que hemos vivido han sido intencionadamente para bien (aunque en muchos casos no estemos todos de acuerdo, en general han sido cambios con la pretensión de una mejora en la vida), no hemos tenido grandes problemas ni mayores dramas. En resumen, hemos crecido entre algodones (aunque para algunos haya sido algodón de ese que pica y te deja la herida llena de pelitos blancos).
En cambio, nuestra primera generación, esa que comenzó nuestro linaje particular y que llegamos a conocer, la de nuestros abuelos, esa vivió un sinfín de penurias, de las cuales todos podríamos dar fe y aportar anécdotas. Ellos fueron los héroes de nuestro siglo. Se comieron una guerra nacional especialmente cruenta y morbosa por el hecho de matarse gente de un mismo pueblo que había convivido en paz hasta ese momento. Crecieron viendo morir a familiares, muchos tuvieron que hacerse cargo de todos sus hermanos desde bien pequeños, incluso compaginándolo con un trabajo mal pagado. Tuvieron que echarse a la espalda la responsabilidad de levantar una sociedad diezmada por unos hijos de puta que seguirían viviendo igual de bien o mejor antes y después de la guerra y la post guerra. Tenían muchos hijos porque unos cuantos de ellos se iban a quedar por el camino. En fin, su vida no fue fácil hasta que llegó su vejez, cuando ya no podían disfrutar en compañía de los que dejaron atrás.
Todos estos problemas forjaron un carácter fuerte y sencillo hasta el punto de llegar a ser frío. Aprendieron a torear las desgracias a golpe de lógica animal. Dejaron sus sentimientos para disfrutar de las alegrías y los anularon para las penas. Para todo tenían una explicación racionalmente instintiva. Su cuerpo reaccionó ante tanta mierda taponando sus sentimientos ligados a la desgracia, y liberaron una dosis de realismo ante toda situación adversa. Descubrieron el modo de ver la vida como es y eso se tradujo en esa mirada de paz que todos vimos en los ojos de nuestros abuelos.
Pero esa generación empieza a extinguirse. Hoy hemos enterrado a otro hermano de mi abuela (y la verdad es que esto remueve todos los sentimientos ya calmados por la muerte de ésta). Cuando sus otros 2 hermanos se mueran se habrá extinguido esa generación en mi familia. Nos quedaremos sin ese referente de paz y amor incondicional. Estamos a punto de perder el mayor patrimonio que tenemos hoy por hoy, que es precisamente esa forma de entender la vida desde la humildad. Nos estamos perdiendo en un sinfín de fórmulas nuevas e importadas de otras culturas que nos están aportando más problemas que soluciones, y estamos dejando de lado la fórmula de nuestros abuelos que poseían una filosofía similar a la de los monjes de exóticas civilizaciones que parecen ser la panacea de todo mal emocional. Mi abuela tenía una clarividencia que solucionaba cualquier problema emocional desde la opción más sencilla, preguntarle a ella era saber que primero pensarías que sus palabras eran lo básico pero después esas razones iban cogiendo fuerza, hasta convertirse en la verdad. No se dejaba embelesar con los detalles, iba a la base y veía el problema desde la raíz. Quizás eso fuera una virtud exclusiva de mi abuela y no de su generación. No lo sé, porque con alguien de su generación sólo he llegado a ese punto de complicidad con ella, pero si que sé que en general, los ancianos de aquella época se caracterizan por su sabiduría de la vida. ¿Qué les vamos a contar nosotros de problemas y depresiones cuando ellos han enterrado a hijos, padres, etc? ¿Qué les podemos decir nosotros de cómo llevar las cosas si ellos han superado todo esto? Nuestra “modernidad” y el relativismo nos está jodiendo y bien.
Cuando ellos mueran nuestra generación pasará de ser la 3º a la 2º. Dejaremos de ser nietos para pasar a ser (además de lo antes nombrado) padres o tíos. Damos un salto con todo lo que ello implica, dejaremos de ser almas sin preocupaciones a tener ciertas responsabilidades en la familia, dejarán de reservarnos el feget de la paella para dárselo a uno de la nueva quinta (ante tus ojos de estupor tras 30 años siendo reservado para ti) y además lo harán sin avisar. Parece una tontería, pero a mi ya me jodió cuando fui tío por primera vez y entendí ese cambio. Mis primos y hermanas pasamos de ser els xiquets a ser los padres o tíos de... y por supuesto ni hablemos ya de la mesa de los pequeños, aquella que odiabas cuando lo eras y ahora miras con añoranza como se pelean entre ellos por quién se ha puesto más tarta. ¿Quién no tiene una foto con todos sus primos en una mesa pequeña con la botella de coca-cola o Mirinda de naranja de litro pero la de cristal de envase retornable? Ay cuantas partidas al Golden Axe me aportaron esos cascos retornables de Pili la de les olives!!
Empezamos a dar cancha a la generación que nos sucede. Ellos son los que están preparando el nuevo momento. Atrás dejarán la sabiduría popular de nuestros abuelos a los que quizás ni hayan llegado a conocer. Su esencia se perderá como se perdió la de sus antepasados, el mundo pasará página sin condecorarlos con la medalla más valiosa que es el recuerdo y atrás quedarán sin reconocimiento todos sus actos heróicos para conseguir sobrevivir y alimentar a los suyos. Nuestro momento empieza a quedarse atrás también y emprendemos nuestro camino (aunque aún quede tan lejos que ni lo vislumbremos) irremediablemente hacia la 1º generación y su posterior olvido.
Cuan sabias y directas son tus reflexiones Kalamar, como un chorro de tinta fresca en toda la cara....
ResponderEliminarEn serio, siento mucho tu pérdida... ahora nos taca a nosotros construir algo bueno para contar a nuestros nietos...si es que los tenemos algún dia..
yo dediqué dos obras de cómic a esa 3ª generación: una a mi abuela, por la lucha y el sufrimiento más allá de lo que cualquiera de nosotros podría soportar y su posterior "agradecimiento" es una residencia; y la otra a mi tío, por su amor incondicional hacia su esposa.
ResponderEliminarTrabajaron día y noche en el campo, pasaron por infinidad de penurias, pero eran sólidos como tablas de madera, a las que podrías agarrarte incluso en el peor de los naufragios.
¿quién no se acuerda de su abuela cuando le daba algún dulce (casi siempre un caramelo) o alguna moneda y le apretaba la mano fuerte haciéndole sentir el valor que ello tenía? regálale la PS2 a un nene, que por no ser la PS3 te la tirará a la cabeza...
Muchas gracias Ros, pero creo q no sabes de donde le sale la tinta a un kalamar. sobre todo menos fresquita....jejeje es coña, gracias.
ResponderEliminarJabon argentino, no se qien eres y no me deja ver nada de tu blog. q tengo q hacer pa ver tus trabajos?
por cierto muy bueno el detalle de apretar la mano cdo te daban un caramelo. esos son los detalles a los q me referia y los q ya nunca experimentaremos pq ya no tenemos abuellitos. q perdida!!!
dame tu dire mail y te lo mando
ResponderEliminardjkalamar@hotmail.com
ResponderEliminares q no entiendo muy bien como van los blogs. como lo has encontrado por el facebook?
Enhorabuena, es precioso lo que has escrito. Me ha recordado tantas cosas... Además ahora estoy escribiendo una historia de vida de la única abuela que me queda y es un calco de lo que has contado.
ResponderEliminarHoy he hecho un gran descubrimiento con este blog.
muchas gracias
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