domingo, 10 de enero de 2010

Hoy, ordenando mis viejos blocs de dibujo me he encontrado con un cuento que escribí hace ya más de 10 años. Lo voy a transcribir tal cual, así que perdonad si os parece un poco infantiloide pero tenía 19 años.

LA PEQUEÑA HISTORIA DEL PEQUEÑO NIÑO QUE AMABA LAS COSAS QUE SE OLVIDAN.

Esta es la pequeña historia, en un pequeño lugar, de un pequeño niño que amaba las cosas que se olvidan. El pequeño niño amaba las fechas de los cumpleaños de los familiares lejanos, amaba las llaves dentro de una casa vacía, amaba las bolsas de la compra en el suelo de las cafeterías, amaba todo aquello que no se suele recordar, todo aquello que la gente odia olvidar.
El pequeño niño buscaba durante todo el día el momento que alguien olvidaba algo, perseguía el momento físico y lo cogía con sus pequeñas manos delicadamente. Pasaba horas con la mirada perdida, dándole vueltas al olvido con las manos y los pies. Meticulosamente recorría cada canto de su perfecta imperfección.
¿Qué cosa podía ser más grande que algo que produce tantos problemas y, sin embargo, consigue pasar tan desapercibido como aquel pedazo de tiempo?
Amaba todo tipo de olvido, pequeño o peligroso, comprometedor o inusual, cualquiera tenía belleza por su existencia y cada uno despertaba diferentes sentimientos en el pequeño niño. Reconocía cada olvido por su sensación y podía catalogarlos perfectamente con un nivel de sutileza que sólo las yemas de sus dedos podían diferenciar.
Tan intensos eran estos momentos físicos de olvido, que podía disfrutar de ellos días, semanas e incluso años más tarde solamente evocándolos. Su intensidad no menguaba con el tiempo, todavía podía sentir con la misma fuerza el primer olvido que cogió con sus inexpertas manos.
Amó más de lo que podía amar todos aquellos momentos de olvido. Tanto amó que su pasión ya no se saciaba con cualquier olvido.
Tras muchas insatisfacciones el pequeño niño dio con una posible solución: si el recuerdo de cada olvido que había disfrutado era lo que más apreciaba, ¿qué sensaciones desataría el olvido de un recuerdo de un olvido? Rápidamente sus ojitos se iluminaron. A partir de ahora se esforzaría en olvidar estos momentos físicos de olvido que tanto amaba.
Día a día iba olvidando estos recuerdos y disfrutando de la enorme intensidad de los nuevos momentos físicos de olvido.
Olvidó el recuerdo del olvido del aniversario de bodas de unos recién casados, olvidó el recuerdo del olvido del bolso en un taxi, olvidó el recuerdo del olvido de poner de comer al gato. Así, poco a poco, fue olvidando todo lo que recordaba y disfrutando de estos nuevos olvidos que también olvidaría.
Tantas cosas olvidó que olvidó el motivo por el que olvidaba cosas, olvidó que amaba el olvido, olvidó amar y, finalmente, se olvidó de olvidar y se quedó sentado con la mirada perdida olvidándose de sí mismo.

2 comentarios:

  1. Pero tú no te olvidaste de él, y por eso sigue siendo un bonito recuerdo del olvido.

    Me ha gustado mucho, puedo llorar??

    ResponderEliminar
  2. Puedes enjugar tus lagrimas con las paginas web donde estan escritas estas palabras..

    ResponderEliminar